Economía

COMERCIO JUSTO EN LA REPÚBLICA DOMINICANA

0 Comentarios 25 abril 2011

Escrito por: Marco Coscione

El próximo miércoles 27 de abril, a las 7 PM en su auditorio, la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE) pondrá en circulación la publicación “Comercio Justo en la República Dominicana: café, cacao y banano”, fruto del trabajo de investigación que el politólogo Marco Coscione ha desarrollado entre abril y diciembre de 2010. Es la primera investigación nacional sobre las experiencias dominicanas de Comercio Justo (en adelante CJ). Un ámbito de investigación hasta el momento muy poco conocido en el país y que aún no ha logrado captar de manera decisiva la atención ni de las autoridades públicas ni de las universidades o centros de estudio. Siendo la primera publicación que introduce el tema del movimiento mundial por comercio con justicia en el panorama nacional su enfoque es sobre todo cualitativo. Sin embargo, también recoge los principales elementos cuantitativos útiles para proporcionar una idea clara de la dimensión e incidencia de estas experiencias “local-globales”.

Al momento de las entrevistas (junio-julio de 2010), en el país existían 15 organizaciones de productores cuyos productos están certificados por la Fairtrade Labelling Organizations International (FLO), organización internacional “sombrilla” que actualmente propone un sello de CJ, marca identificable por el consumidor, a través de la cual cada se puede reconocer un producto como “producto justo”. Sin embargo, de las 15 organizaciones dominicanas, en el mes de julio de 2010, nueve conformaban la Coordinadora Dominicana de Pequeños Productores de Comercio Justo (COORDOM), creada en enero de 2006 con el objetivo de ofrecer a los pequeños productores un espacio para la discusión y la toma de decisiones a nivel nacional. En este sentido, la investigación concentró su atención en los nueves miembros de la Coordinadora, incluyendo otro caso para el rubro del cacao (Junta Agroecológica Campesina de Salcedo – Junacas).

En julio de 2010, las nueve alcanzaban un total de 18,413 pequeños productores. Según datos de la Encuesta Nacional de Fuerza de Trabajo (abril 2008) este número corresponderían al 0.43% de la Población Económicamente Activa, al 0.5o% de la Población Económicamente Activa Ocupada, el 1.42% de la Población Económicamente Activa en el medio rural, el 1.61% de los Ocupados en el medio rural y alcanzaría el 3.60% de la Población Empleada en el Sector Agropecuario. Sin embargo, estas aproximaciones solo se refieren al número de productores y no a toda la población ocupada en las organizaciones de comercio justo: no se consideran entonces los miembros de la familia que también trabajan en las fincas, por no hablar de todos los trabajadores jornaleros y los otros empleados en tareas administrativas, empacadores, transportistas, etc.

En el panorama de desarrollo nacional, las organizaciones de pequeños productores de CJ reman contra la corriente: pagan un precio más justo a los pequeños productores obligando, como en el caso del café, los intermediarios locales a subir sus precios de compra en las relaciones con los productores no organizados; crean puestos de trabajos dignos, en un país donde la tasa de desempleo nacional se mantuvo prácticamente constante en la última década y donde, en las zonas rurales, solo menos del 45% de las personas en edad de trabajar tiene un empleo; pagan un salario digno, superior al nivel del salario mínimo, cuando en todos los sectores (a excepción de minería, electricidad, gas y agua, y la administración pública) el salario real ha disminuido en un promedio de 1.5 puntos porcentuales entre 1996 y 2007 , y un 25% de la población aún recibe un sueldo inferior al salario mínimo; garantizan seguridad social en un país donde entre la mitad y dos tercios de la fuerza laboral, trabaja en empleos no protegidos.

Invierten en el desarrollo humano y sostenible de sus comunidades: garantizan seguridad alimentaria y alimentan los mercados locales a través de la diversificación de la producción en las fincas; apoyan proyectos educativos apostando por el acceso de los niños  y su permanencia en las escuelas, y por la formación profesional de los jóvenes, achicando así la brecha entre la educación urbana y la rural; garantizan el nivel primario de asistencia sanitaria; implementan políticas de cuidado medioambiental claras y comprometidas, tanto a través de la apuesta por la producción orgánica, como a través de proyectos de sostenibilidad ambiental y ecoturísticos en colaboración con diferentes instituciones.

Son organizaciones democráticas, toman las decisiones estratégicas en las asambleas de los socios, respetan la participación de sus miembros e impulsan el protagonismo de las mujeres. Las políticas de género de estas organizaciones están bastante desarrolladas; en FEDECARES (Federación de Caficultores de la Región Sur), por ejemplo, se ha logrado el porcentaje más alto de mujeres productoras socias: el 40% del total de los productores, sobre todo gracias al proyecto “Café Femenino”. Le siguen la Asociación de Bananos Ecológicos de la Línea Noroeste – Banelino con un 18.3% y Fundopo (Fundación Dominicana de Productores Orgánicos) con un 15%. No son organizaciones estáticas y han ido cambiando sus estructuras tanto para responder a dificultades de gestión interna o relacionadas con los criterios FLO, o para asumir más fácilmente otras tareas comerciales (la exportación directa como fue el caso de la Cooperativa Agrícola Los Taínos – Coopprobata). La Confederación Nacional de Cacaocultores Dominicanos – CONACADO, por ejemplo, está viviendo un proceso de reestructuración interna para poder responder más eficientemente a las exigencias del mercado, mantener los niveles de la competencia del mercado tradicional y seguir siendo líder en la exportación de cacao orgánico. Fue justamente gracias a la labor de los pequeños productores de la CONACADO que la República Dominicana se impuso a nivel mundial como el principal exportador de cacao de alta calidad. Actualmente, las exportaciones de la CONACADO representan entre el 25 y el 30% de las exportaciones nacionales.

Para el rubro del banano el mayor destino sigue siendo Europa (hasta un 95% de los bananos de exportación), sobre todo por la demanda de banano orgánico que hoy, como indican las estimaciones del CEI-RD, es el primer producto agropecuario no tradicional exportado desde la República Dominicana. La producción orgánica ya supera el 60% del área cultivada (en el sur, como pudimos ver en los casos de Coopprobata y de la Asociación de Productores de Banano Orgánico – Aprobano, la totalidad de la producción es orgánica) y recibe diferentes certificaciones: además de la certificación FLO de comercio justo, destacan GlobalG.A.P., Rainforest, TNC, NOP y JAS entre otras. Sin embargo, aún falta mucho por hacer en términos de optimización de la distribución del producto, para mantener volúmenes consistentes, y en términos de independización de los productores en el proceso de exportación. A pesar de ello, según varios investigadores de CJ y por los mismos trabajadores del sector, así como el café siempre representó el producto estrella, el banano podría en los próximos años marcar la diferencia, también gracias al nivel elevado de premio social (uno de los principios clave del CJ) que le corresponden (1 dólar por caja de 18.14 Kg).

De todas las entrevistas emerge claramente el desafío clave para todas estas organizaciones: aumentar la productividad de las fincas. A pesar de que en algunos casos se supera el promedio nacional, en general, son niveles de productividad bajos: en cacao se podría llegar a 150 libras por tarea, en banano a 3 o 4 cajas por semana, en café fácilmente a 80-100 libras por tareas. Como subrayan todas las organizaciones, es sobre todo en este ámbito que debería concentrarse el apoyo estatal, actualmente aún muy escaso e ineficiente. De los tres, el rubro del café es el que más apoyo está recibiendo. Aunque en realidad podemos decir que el Estado está poco a poco saldando una deuda de décadas: a través del Consejo Dominicano del Café (Codocafe) los pequeños productores reciben asistencia técnica, asesorías y capacitaciones, implementan programas de rehabilitación de fincas y reconstrucción de caminos vecinales, y desarrollan Indicaciones Geográficas Denominación de Origen, como es el caso del café “Barrancolí”, una marca colectiva para pequeños productores organizados.

La búsqueda de nuevos clientes y nuevos mercados también es un gran desafío. Las organizaciones más pequeñas (como por ejemplo Junta Monseñor Romero, Consorcio de seguimiento al cultivo del café – Coscafé, Junacas o Aprobano) no tienen los volúmenes suficientes para diversificar la cartera de clientes. Normalmente, existe un único importador. Sin embargo, este tipo de relación puede generar una dependencia peligrosa. En el momento en el cual viene a faltar este importador la situación se complica muchísimo. Por un lado, entonces, es necesario mejorar la visibilidad de las organizaciones de productores para que otras organizaciones de CJ del Norte las tengan en cuenta al momento de pedir volúmenes de un determinado producto. Por otro, la creación de un “mercado justo” interno (empezando por los clústeres turísticos, hoteles, bares y restaurantes, por ejemplo) es la tendencia hacia la cual justamente están apostando específicamente los productores de CJ, sobre todo latinoamericanos: sin embargo, sin el conocimiento y el reconocimiento efectivo, por parte de las autoridades, del rol que estas organizaciones cumplen en el desarrollo local humano y sostenible, todo puede resultar demasiado difícil.

En este sentido la COORDOM tiene la posibilidad y el deber de convertirse en un actor social fuerte y visible que sea punto de referencia para todo sector que quiera acercase a las experiencias de CJ. Hasta el momento, sus trabajos aún no han despegado, pero los pequeños productores saben que solamente uniendo sus fuerzas podrán seguir defendiendo sus ideas y su manera de producir, justas y solidarias.

Los beneficios de este tipo de relación comercial son notables, se recogen a lo largo de toda la investigación: el enfoque multidimensional de los criterios del CJ se reflejan claramente en la estrategia de desarrollo del milenio de las Naciones Unidas e incluso van más allá y alcanzan objetivos que ni los partidos ni las institucionales, tanto locales como nacionales, logran conseguir. Aquí, solo quiero recordar las palabras del señor Figuereo, miembro de Aprobano, quien durante la entrevista concluyó diciendo: “Cuando nos preguntan con respecto a los beneficios del Comercio Justo pienso que en realidad no es que hemos tenido beneficios, es que sin el Comercio Justo no podemos vivir. La sobrevivencia de este proyecto depende exclusivamente del Comercio Justo. Es nuestro padre y la tierra nuestra madre”.

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